| perros»comportamiento»agresión |
| La
agresión, un problema frecuente y a veces peligroso. |
| Etología,
comportamiento canino: Dra. Silvia N. Vai |
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La agresión es
uno de los principales motivos de consulta en Etología
Clínica.
Es un problema frecuente y grave con consecuencias importantes
en salud pública, responsabilidad legal, y costo
económico para la víctima y el país,
ya que las personas mordidas deben recibir tratamiento
médico y muchas pueden quedar inhabilitadas para
trabajar durante un período variable de tiempo.
Estadísticas realizadas hace un tiempo en Estados
Unidos indican que se registran aproximadamente 2.000.000
de personas mordidas por año, de ellas 37 mueren,
el 50 % necesitan atención hospitalaria y el
40% son niños menores de 9 años.
Otro estudio reveló que el índice de ataques
mortales a recién nacidos era 370 veces y el
de niños pequeños 85 veces superior al
de personas adultas con edad entre 30 a 49 años.
Generalmente las víctimas de ataques mortales
son niños o ancianos, de los cuales el 75% no
habían provocado o atacado al animal ni invadido
su territorio, además en estos hechos no estuvieron
involucrados animales abandonados, fueron causados por
perros con propietario.
En Argentina el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur recibe
anualmente alrededor de 6500 denuncias de mordeduras,
pero éstas corresponderían solo al 65
% de los casos, el % restante no es denunciado porque
los lesionados son propietarios de los animales o las
heridas son causadas por animales de pequeño
tamaño y sin gravedad.
El perro pertenece a una especie social y en ellas la
agresión es un medio para mantener el orden dentro
del grupo, lo utilizan para establecer y mantener relaciones
sociales, expulsar del territorio a adultos de otras
especies o caninos pertenecientes a otras manadas y
para protegerse a sí mismos o a la cría.
Es importante tener en cuenta que la raza o el tamaño
del animal no limitan la presentación de un comportamiento
agresivo, esto significa que puede tenerlo tanto un
animal de raza chica como gigante o mestizo; si serán
diferentes las consecuencias del mismo.
Los cachorros aprenden con su madre y hermanos las posturas
propias de la especie y las reglas de jerarquía
que rigen la manada. Por eso no tiene que extrañarnos
que el perrito de 2 o 3 meses nos muestre los dientes
en forma amenazante frente a situaciones que no son
del todo gratas para él.
Como puede verse, en algunos casos la actitud agresiva
del perro puede ser una conducta normal para la especie
pero inaceptable para convivir con el ser humano, pero
también el animal puede presentar comportamiento
agresivo como consecuencia de un problema orgánico
(ya que a veces la agresión es el primer síntoma
de un trastorno orgánico) o éste puede
deberse a una patología del comportamiento (sociopatía,
fobia, ansiedad, distimia, disocialización primaria,
desritualización, ....).
Actualmente en nuestro país está de moda
poseer animales de gran tamaño como animales
de compañía, pero muchas de las razas
elegidas se crearon para competencias de lucha o protección
y fueron seleccionadas teniendo en cuenta su facilidad
para presentar un carácter agresivo, conveniente
para el papel que debían desempeñar.
Es fundamental criar a estos animales en forma adecuada
para evitar generar riesgos innecesarios para sus propietarios
y/o la población humana y animal.
Es placentero convivir con un perro de buen comportamiento,
de lo contrario se afectará la relación
con su propietario.
Muchas veces los dueños son agredidos por intentar
tocar el comedero o cualquier objeto del animal, acariciarlo,
abrazarlo, pasar sobre él cuando está
descansando, aplicarle una medicación, bajarlo
de un sillón, entre otras situaciones.
En consecuencia el animal será regalado y en
pocos casos el problema mejorará o desaparecerá.
Generalmente no será así, derivándose
el problema a otra persona porque lo que cambia es el
propietario no el problema y así este “paciente-problema”
seguirá pasando de una familia a otra indefinidamente.
En otras ocasiones puede ser ubicado en un refugio,
abandonado en la vía pública, o se les
realizará la eutanasia, lo que ocurre más
frecuentemente de lo que debiera ser por la tenencia
no responsable del animal de compañía.
Es importante tener en cuenta que generalmente el perro
no empieza a morder de un día para otro, dará
diferentes señales que aumentarán o no
de intensidad en función de los resultados obtenidos
con el correr del tiempo.
La agresión incluye la acción de morder
y también las conductas de gruñir o fruncir
los belfos (labios) sin que el animal muerda.
Ciertas veces todo puede quedar en simples gruñidos,
en otras será una bomba de tiempo que finalmente
estallará.
Es positivo realizar una consulta con un médico
veterinario especializado en Etología Clínica
(problemas de comportamiento) cuando aparecen las primeras
señales para prevenir el aumento de la gravedad
del hecho.
Ante una consulta por agresión es necesario identificar
la causa evaluando en forma completa al animal. Puede
generar agresión cualquier problema que le produzca
dolor, lo debilite o afecte su visión o audición,
también enfermedades del Sistema Nervioso, hormonales,
virales, bacterianas, intoxicaciones, neoplasias...
Por lo tanto es necesario realizar un buen examen clínico
que requerirá en algunos casos el apoyo de estudios
complementarios (análisis de laboratorio, radiografías,
tomografía axial computada, electroencefalogramas,
etc.), ya que la agresión puede ser la primera
manifestación de una causa orgánica.
Pero también hay otros casos en los que la causa
orgánica y de conducta se presentan simultáneamente
y otros en que estamos frente a un problema exclusivamente
de comportamiento patológico o no, en estos hay
que determinar el tipo de agresión presentada
por el animal, diferenciadas por el contexto en el que
aparecen y las posturas, gestos y movimientos que acompañan
la secuencia de comportamiento.
Durante el diagnóstico siempre debe considerarse
la edad y el tamaño del perro, la intensidad
de su conducta agresiva y la edad y actitud de las personas
a las que dirige la agresividad.
Si es un macho, la castración por sí sola
no resuelve nunca el problema. Si es una hembra, según
el caso, puede estar contraindicada.
La necesidad de un diagnóstico correcto hace
que todos los casos de agresión deban ser tratados
por un médico veterinario especializado en etología
clínica o comportamiento, profesional capacitado
para determinar la presencia de causas físicas
sumadas o no al problema comportamental, él implementará
el tratamiento cognitivo conductual más apropiado
para cada situación en particular con el agregado
o no de medicación si lo considera necesario.
En los problemas de agresión que no dependen
de una causa exclusivamente orgánica, la prevención
tiene un papel fundamental.
Cuando se desee convivir con un canino es importante
asesorarse con el médico veterinario especializado
para la elección y selección del perro
más apropiado para el futuro propietario según
sus condiciones de vida, y realizar el seguimiento de
su conducta durante las etapas de cachorro y juvenil
para criarlo en forma correcta según su perfil
comportamental.
Si el animal ya manifiesta una conducta agresiva, en
la mayoría de los casos el diagnóstico
y el tratamiento adecuados, que puede realizarse en
cualquier raza y edad, evitará la aparición
de mordeduras más graves en el futuro retornándose
a la buena convivencia en el hogar.
Resumiendo:
El comportamiento forma parte de la salud del animal
y es lo que más va a afectar al dueño
y a la comunidad.
Gruñir, mostrar los dientes, interponerse en
el paso, agarrar las manos, brazos, pies o la ropa,
montar, orinar adentro de la casa son conductas a las
que debe darse importancia y requieren de un diagnóstico.
La agresión es un rasgo comportamental normal,
muy pocas veces aceptable en el animal de compañía,
también puede ser una patología de comportamiento
o manifestación de una enfermedad orgánica.
Todos los problemas de conducta pueden prevenirse, es
importante buscar asesoramiento antes de adoptar al
animal o cuando recién llega al nuevo hogar.
Cuando el problema de comportamiento está
presente el diagnóstico y tratamiento adecuados
lo mejora o soluciona definitivamente en la mayoría
de los casos independientemente de la edad o raza del
animal.
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