No
existe una explicación uniforme para este comportamiento,
pero han sido sugeridas algunas posibilidades. Los perros
y perras están programados en forma innata para
consumir la materia fecal de los cachorros cuando están
en el nido o lugar de parto. Hay algunas raíces
'naturales' en el hecho de que las presas comen a menudo
las heces de sus crías, aparentemente como un método
de esconder su presencia de los depredadores. Los perros
comerán las heces de otras especies, especialmente
gatos y conejos también. Obviamente no encuentran
el gusto de las heces desagradable o este comportamiento
sería corregido.
Quizás cuando el perro está
aburrido la coprofagia puede ser una forma de conducta
de llamar la atención.
Los dueños pueden reaccionar emocionalmente al
ver a su perro comiéndose las heces y el perro
puede tomar esto como una forma de acaparar la atención.
Los perros que acostumbran comer sus propias heces, a
menudo están confinados y reciben poca atención
humana. También se podría pensar que el
perro puede estar intentando satisfacer alguna deficiencia
nutricional desconocida.
La conducta del perro que consume
sus propias heces o la de otros perros o gatos sin duda
es una mala adaptación, dado que esto tiende a
infectarse o reinfectarse con huevos de parásitos.
En los animales muy jóvenes la coprofagia puede
servir como una forma de establecer una flora intestinal
adecuada, pero este beneficio potencial deber ser pesado
contra la desventaja de consumir huevos de parásitos.
La forma más común
de tratar la coprofagia en los perros es aplicar un repelente
a las heces. Existen algunos medicamentos que se mezclan
con el alimento del animal y que al defecarlo provocan
un olor desagradable impidiendo teóricamente que
el perro las ingiera.
Sacar a pasear al perro con la correa y controlarlo para
que no retorne a ingerir sus heces ayuda. A veces es posible
distraer al perro corriendo una corta distancia luego
de haber movido el vientre o dando un par de pasos e indicándole
que se siente y recompensarlo.
Si puedes mantener al perro de esta manera alejado de
la ingesta de heces por un mes aproximadamente, es muchas
veces suficiente para romper ese hábito.
Levantando el excremento para prevenir su ingestión
funciona en perros que no comen inmediatamente sus heces.
Importante: no
debemos descartar causas orgánicas como falta de
enzimas digestivas. Siendo necesaria la consulta con un
profesional veterinario.
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